SI QUIERES SER UN BUEN PADRE, SÉ UN BUEN ESPOSO

La relación con mis hijos depende, en gran medida, de mi relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación, si mi relación con ella no es buena.

La experiencia ha demostrado que “cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos: su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de cada uno, como una armonía bellísima, o como una laceración dolorosa. La relación entre nuestros progenitores,  nos moldea en lo que somos. Un niño siente con todo su ser, la relación entre sus progenitores; sea cuál sea, la siente en sí mismo. Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto”.

La conclusión, entonces, parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido.

“El orden de mis prioridades estaba equivocado, y decidí cambiar. Después ocurrió algo sutil y sorprendente. Mejoró la relación entre nosotros. No es que fuese una relación mala, pero había algo que no me  gustaba. A menudo, yo era descortés con ella, y hablaba conmigo como si mi esposa no existiera; la ignoraba como el machista más encallecido. Después lo he entendido: era mi actitud hacia mi esposa; era yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di cuenta a tiempo”.

Cuando un matrimonio reacciona a tiempo, y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos.

-¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación conyugal?

La fuente de amor para los esposos, radica en el recuerdo de sus mejores momentos.

-“Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el hecho de enamorarse, es el instante más auténtico de la relación entre dos personas; es cuando ellas ven que todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando tocan la esencia y belleza del amor.

Ante los ojos de mi mente desfilan nuestros momentos más luminosos: el primer paseo junto, la decisión de casarnos, una tarde en un día de lluvia. Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo va bien, y es perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes, y beber de aquella fuente de agua pura”.