Category: FAMILIA



RESPONSABILIDAD AL INTERIOR DE LA FAMILIA

Aunque parezca contradictorio  todos quisiéramos ser amados y valorados y al mismo tiempo imponer nuestra visión de la realidad; pero como todos deseamos lo mismo y de la misma forma, es improbable obtenerlo; el que consigue lo que quiere sin imponerse es poderoso decía el filósofo judío Martin Buber  en sus palabras: “quién se impone tiene un poder débil, aparente; quién no se impone tiene un poder grandioso, secreto.”

Estoy de acuerdo con Carl Rogers cuando dice que el camino para la autodestrucción es creer que “la fuerza produce el derecho”; es decir, que la posición autoritaria que se justifica por la causa de que soy más fuerte que tu o porque soy adulta y tu un niño; soy la que más sé o la que más recursos tengo; es inadmisible.

En la familia esto conlleva tratarnos con dignidad y respeto; siendo responsables con los compromisos contraídos. Comprometiéndonos todos a  crecer y cambiar; admitiendo que vamos a aprender todos de todos: los hijos de los padres; los padres de los hijos; los hijos de los hijos; los padres de otros padres; los maestros de los padres; los padres de los maestros y así hasta el final.

Cabria preguntarse ¿cuántos de nosotros admitimos que aprendemos de nuestro propios hijos y se los hacemos saber?  Porque como dijo el médico y psicólogo indio Deepack Chopra “Nuestros hijos son nuestros más grandes maestros”.

Así en la comunicación con los miembros de tu familia; podrás hacerte responsable de tus sentimientos; hacer conciencia de tus pensamientos; no necesitarás responsabilizar a otro por tus reacciones; asumiendo el control de ti con responsabilidad. Creo que en este punto es esencial saber que hoy día, no solo los terapeutas sino nuestros colegas psiquiatras facilitan a sus clientes esa fuerza poderosa de la responsabilidad. Lo que se hace es que se entrena a los pacientes psiquiátricos que sean ellos mismos los que se den cuenta que cuando oyen voces, o se sienten perseguidos deben tomarse su medicamento, ya que su experiencia es única y personal y si la comparten con las demás personas probablemente les tendrán miedo y lo rechazarán.   

Ser responsable de sí mismo significa reconocer que uno elige lo que hace y también ser quién se es. Esto es, aceptar las consecuencias de tus decisiones en forma consciente y crítica.

Cuando las personas toman la responsabilidad de sus vidas, acrecientan sus posibilidades y aprenden a hacer elecciones que los mejoran y los nutren. Si no se hacen responsables de sí mismos se agotan, culpan a otros, a la situación o al destino de su triste situación y claro no hacen nada para cambiar porque son otros los que deben hacerlo. Es común escuchar a las personas justificar lo que hacen por razones como por ejemplo “yo soy Abreu y como todos los Abreu somos locos es por eso que actuó así”. 

DEFINICIÓN

Para el psicólogo alemán Fritz Perls la responsabilidad es la habilidad para responder, por ti mismo, por tus acciones, sentimientos, pensamientos. La responsabilidad hacia otros solo puede surgir cuando uno se da cuenta de la responsabilidad por sí mismo. Es por eso necesario trabajar en terapia nuestra propia diferenciación. Cuanto más cuenta me dé, de que yo mismo soy el creador de lo que hago, más veré mi responsabilidad  por los efectos que tengo sobre otros.

Si bien es cierto que no podemos responder uno por el otro; como el padre que se enoja porque su hija hizo el ridículo en la casa de su amigo Juan, como si fuera él, el que se comportó de esa forma. Una vez que aceptamos que las personas afectan a las otras, entonces la responsabilidad incluye también la obligación o deber que tenemos para con los demás.

Las personas pueden contribuir y lo hacen a que otras se vuelvan locas o se suiciden, y la gente influye también al gozo y al crecimiento de otros. Es importante por tanto, animarnos a ver nuestro impacto sobre los otros para bien y para mal. Es lo que explica que la hija se haga alcohólica repitiendo la conducta de su padre alcohólico, o por el contrario no toque una gota de alcohol como reacción contraria al alcoholismo del mismo. Sin embargo,  a veces aunque la hija no ingiera alcohol se comporta con la misma característica de agresividad y falta de compromiso propio de las personas alcohólicas; produciéndose lo que se conoce como alcoholismo seco. 

¿QUÉ HACER?

Es necesario promover la idea de que es mejor que los padres estén abiertos al cambio, en lugar de pensar que su papel solo consiste en ser responsables de la educación de sus hijos.

Cuando los padres asignan pequeñas responsabilidades a sus hijos e hijas en las tareas propias del hogar en forma equitativa y justa; desarrollan la capacidad para trabajar y aprender a disfrutar el ser útil. Con el tiempo los hijos van mostrando “responsabilidad filial” pudiendo ayudar a los padres en las diferentes y a veces numerosas tareas que los ocupan.

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MEDIDAS DE CONDUCTA EN LA FAMILIA

INTERVENCIÓN ANTE LOS PROBLEMAS DE CONDUCTA

Normalmente se considera una conducta como problema cuando provoca daño al mismo individuo o a los demás; cuando infiere con los planes educativos que ese niño requiere para su desarrollo; si reviste un riesgo físico o psíquico importante para la propia persona o para los demás y/o cuando imposibilita a esa persona su paso a entornos menos restrictivos.

INTERVENCIÓN CON LA FAMILIA

Debe existir una estrecha relación entre los profesionales que ofrecen una respuesta educativa a estos niños con sus familias. El objetivo es llevar a cabo las mismas pautas de educación en la casa y en la escuela, enseñándoles a los padres modos adecuados de actuar ante las acciones y reacciones de sus hijos: paralelamente dar apoyo psicológico a las familias.

LA FAMILIA FRENTE A LA DISCAPACIDAD

Luego de la comunicación del diagnóstico se inicia (o no) en la familia un proceso de elaboración del trastorno con la comprensión del mismo, el cual culmina con la aceptación de las posibilidades que el niño tendrá, lo que implica “el duelo” correspondiente.

A lo largo de las historia se ha definido a la familia de múltiples maneras y según la teoría y su autor, yo tomaré, en este caso como referente para situarnos en un punto de partida y tratar el tema de la familia frente a la discapacidad, a la autora Ana Quiroga, quien sostiene que la familia…”es el ámbito primario de emergencia y constitución de la subjetividad. Escenario inmediato de nuestras primeras experiencias, de los protoaprendizajes fundantes de nuestros modelos de aprender. Escenario e instrumento de nuestra constitución como sujetos, en un tránsito que va de la dependencia absoluta a la autonomía, de la simbiosis a la individualización…”, La familia es una organización grupal que tiene rasgos universales que comparte con otros sistemas pertenecientes al mismo orden social, pero como estructura de interacción entre los sujetos es única y particular. Está sostenida en un orden social e histórico que la determina influyendo en ella, constituyéndola desde distintas relaciones: económicas, políticas, ecológicas, culturales, jurídicas, entre otras.

Ahora bien, con respecto a las reacciones y comportamiento que tiene la familia frente al diagnóstico, podemos decir que los primeros días, la familia y el entorno tienen actitudes tolerantes, afectuosas, de contención, luego cada miembro vuelve a sus tareas cotidianas y la casa a su funcionamiento; recordemos que papá y mamá vieron nacer y desarrollarse durante los primeros mese a un niño “normal” y el diagnóstico vino a romper el equilibrio reinante; es por ello que mamá comienza a sentir fatiga, frecuentes accesos al llanto, aparece un sentimiento extraño de rechazo hacia su entorno y hacia ella misma, permanece alejada de todos y se muestra apática, descuida su arreglo personal, presenta insomnio e inapetencia. Este estado, del cual el padre no es ajeno, repercute fuertemente en toda la familia y cada uno reacciona según sus posibilidades. Esta herida narcisista implica una difícil y lenta recuperación.

Actualmente continúan existiendo muchos prejuicios y creencias, que sin duda tienen que ver y en cierta forma alimentan los sentimientos de culpa y vergüenza que los padres sienten frente a este niño.

Tras el diagnóstico, los padres utilizan diferentes mecanismos de afrontamiento y reacciones emocionales que afectan sus relaciones matrimoniales, con el niño, con los demás hijos, con el resto de la familia, con el entorno social y laboral.

Tener un niño con autismo implica aceptar que no sólo hay que criarlo y educarlo, sino que también requerirá de una asistencia especial el resto de su vida.

Esto no coincide con lo planificado familiarmente y se hace necesaria una reformulación de lo proyectado.

El autismo, como cualquier otra discapacidad, actúa como un elemento desestabilizador de la dinámica familiar y produce un gran impacto psicológico y bloqueo emocional. Para los padres desaparece, transitoriamente, de su mundo cualquier otra realidad que no sea su hijo, su autismo y su tratamiento; adoptan un comportamiento particular.

Luego de esta fase de descreimiento y negación, los padres suelen experimentar una ansiedad abrumadora, rabia, se culpan a sí mismo o buscan un culpable y en muchos casos llegan a una profunda depresión, estado que señala el camino a la elaboración del duelo y la aceptación del hijo con autismo.

Finalmente llegan a la fase de aceptación, se dedican a buscar información acerca del trastorno y apoyo de otras personas o instituciones. La familia prueba todos los recursos que consideran útiles para lograr una mejora en la calidad de vida de su hijo.

Podemos decir que las reacciones de cada miembro dependen de cómo se ha constituido su psiquismo, de su conflicto inconsciente, de su carácter y cada profesional que interviene en el tratamiento del niño no puede ni debe ignorar esta información para poder brindar a esta familia el apoyo adecuado y necesario.

NIÑOS, ADOLESCENTES Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Introducción:

La televisión se ha erigido en el medio de comunicación masivo y dominante y es admitido que este poderoso medio audiovisual ejerce una considerable influencia sobre la estructura familiar, superior a la de cualquier otra innovación tecnológica.

La televisión representa una parte de una nueva morbilidad en pediatría y los pediatras debemos de estar familiarizados con sus efectos.

Actitudes poco saludables aprendidas desde los medios durante la infancia, pueden ser puestos en acción durante la adolescencia

Cuestiones más relevantes

1. ¿Cuáles son las áreas específicas de influencia?

2. ¿Son todos los niños igualmente susceptibles?

3. ¿Qué validez tienen las investigaciones en este campo?

4. ¿Qué se puede hacer para aumentar la calidad de la televisión?

5. ¿Cuál es el papel que debe de jugar el médico de Atención Primaria?

Áreas específicas de influencia

1Televisión y violencia

2- Publicidad y consumismo

3- Rendimiento escolar

4- Estereotipos

5- Televisión prosocial

6- Obesidad

7- Sexo y sexualidad

8- Tabaco y alcohol

1- Televisión y violencia:

La reiterada observación de escenas violentas en TV, repercute sobre la agresividad del niño, que comienza a registrarse ya a partir de los tres años de vida. Hay numerosos estudios que confirman que el alto índice de violencia televisiva interviene como factor importante en la determinación de las conductas masculinas ( y femeninas ) violentas ,

Cuanto mayor sea el tiempo de exposición a programas televisivos violentos , mayor es el riesgo de asociación de conductas violentas en niños y adolescentes.

Hay una relación positiva entre la violencia en televisión y la subsiguiente conducta agresiva, y como sostiene el psicólogo BANDURA, los modelos de conducta actúan como estímulos que producen conductas similares en el observador.

2- Publicidad y consumismo:

La publicidad tiene como objetivo estimular el deseo y la necesidad de consumir, y los niños y jóvenes representan una importante cuota de mercado.

La influencia de la publicidad en los niños es muy fuerte, y puede considerarse como un instrumento peligroso, ya que crea apetencias y necesidades que no se corresponden con la edad del niño o del adolescente, y que en la mayoría de los casos no podrá satisfacer.

Las técnicas publicitarias abusan de las limitadas capacidades de análisis y raciocinio del niño y su natural credibilidad, por lo que necesitan del consejo y la explicación de sus padres.

Los niños no deberían ser objeto ni sujeto de publicidad y mucho menos convertirse en víctimas de una publicidad engañosa.

3- Rendimiento escolar:

Numerosos estudios realizados al efecto, han demostrado que los alumnos que ven más de dos horas diarias de televisión obtienen rendimientos escolares más bajos . La causa de este hecho se debe al retraso del proceso madurativo y a una menor capacidad de abstracción, cuando existe abuso televisivo desde la edad preescolar. La UNESCO ha llamado la atención de que el uso indiscriminado y masivo de la televisión, puede resultar peligroso para el aprendizaje del niño, ya que aumenta la pasividad intelectual, le aparta del trabajo escolar y limita su creatividad.

4- Estereotipos:

La televisión ha llegado a un estado de homogeneidad que crea estereotipos en su programación, modelos de convivencia, valores y actitudes, que no se corresponden con la realidad social. Los niños y adolescentes pueden extraer, en consecuencia, un aprendizaje que no es el más adecuado en aspectos tales como, la relación con sus padres y maestros, sexualidad, modas, alimentación y comportamiento social.

La exaltación de la esbeltez en modelos y presentadoras de TV, se equipara con el éxito y la

belleza, y este mensaje tiene tal poder de atracción que puede llevar a muchas adolescentes al cuadro de Anorexia nerviosa.

5- Televisión prosocial:

La televisión puede ser un poderoso medio de enseñanza o aprendizaje en valores prosociales. La televisión es un formidable instrumento que puede favorecer la educación, la cultura, el ocio, la promoción de la salud, y una conducta favorecedora de la tolerancia, respeto y solidaridad. .

La televisión supone un potencial, que bien utilizado, puede ayudar a la adquisición de actitudes y estilos de vida positivos, e inculcar aspectos sociales y culturales , no solo para los niños ,sino para todo el conjunto de la sociedad .

6- Obesidad:

Diferentes estudios indican que la prevalencia de obesidad está directamente relacionada con el aumento del tiempo destinado a ver televisión, en niños y adolescentes de 6 a 17 años, Esto es porque ver televisión representa una actividad pasiva y porque muchos telespectadores consumen diversos productos ricos en calorías mientras ven la televisión

La publicidad también influye de forma importante. De los miles de anuncios que ven los

niños al año en televisión, dos terceras partes son sobre alimentos con elevado contenido en calorías, grasas, colesterol, azúcar y sal.

Se ha demostrado que por cada hora de incremento de visión de la TV, aumenta la prevalencia de obesidad, tanto en niños como en adultos; convirtiéndose el hecho de ver televisión en un buen predictor de obesidad.

7- Sexo y sexualidad:

Muchos adolescentes identifican el mundo real con lo que ve en televisión, y como consecuencia de ello se produce un mantenimiento más precoz de relaciones sexuales, con un incremento del porcentaje de embarazos y enfermedades de transmisión sexual.

La televisión se ha erigido como agente exclusivo de educación sexual, y el sexo es utilizado para vender cualquier cosa, desde un champú hasta un coche.

8- Tabaco y alcohol:

Los anuncios de bebidas alcohólicas van dirigidos preferentemente a los jóvenes con el claro mensaje de que el consumo de alcohol facilita la diversión y el éxito con las chicas.

Actualmente la ley prohíbe los anuncios de tabaco y bebidas alcohólicas de más de 20º en la televisión, no así los sugestivos anuncios de cerveza.

Existe una relación clara entre la visión de ciertos programas, la publicidad y ciertos videos musicales, con el consumo de alcohol, tabaco y drogas entre los adolescentes.

¿Son todos los niños igualmente susceptibles?

Aunque es una cuestión difícil de contestar, la respuesta parece ser, no. Los primeros estudios indicaban que los niños eran más susceptibles, pero en la actualidad se cree que las niñas son igualmente vulnerables.

La mayoría de los estudios sobre el grado de influencia de la TV, han encontrado que los mayores consumidores de televisión están en mayor riesgo que los pequeños consumidores.

El tiempo de exposición es un factor determinante, para la aparición de efectos adversos, como lo es también el hecho de ver la televisión en solitario.

¿Que validez tienen las investigaciones en este campo?

La investigación en la influencia de los medios de comunicación, difiere significativamente de las investigaciones médicas, especialmente cuando consideramos el concepto de significancia. Un valor “r” ( coeficiente de correlación ) de 0,3 es moderadamente significativo en investigación de ciencias sociales , mientras debería ser despreciado como insignificante en la mayoría de las investigaciones médicas, donde valores de 0,8 y superiores son necesarios.

El campo de investigación en los medios de comunicación es fascinante, porque representa un intento de delinear los efectos de un medio que es ubicuo (omnipresente), como es el caso de la televisión. ? Como hacer un estudio sobre un fenómeno cuando no existe un grupo de control en el mundo occidental? Este tipo de estudios solo fue posible hasta 1970 en Canadá, y los resultados sí fueron concluyentes: los chicos eran más agresivos y menos creativos en sus juegos durante los dos primeros años tras la introducción de la TV.

Para obtener datos de causa efecto sobre la visión de contenidos televisivos, son necesarios

los estudios longitudinales : el estudio de una población amplia en un periodo de tiempo determinado. Hay pocos estudios de este tipo, pero existen (EE.UU) y son concluyentes.

No disponemos de estudios longitudinales en nuestro país.

¿Que se puede hacer para aumentar la calidad de la Televisión?

Hay muy pocas iniciativas encaminadas a desarrollar los aspectos positivos de la televisión, y existe una tremenda pasividad en los telespectadores que aceptan en muchas ocasiones – con resignación, programas de escasa o nula calidad a falta de mejores alternativas. Estamos asistiendo a un descenso paulatino en el nivel de exigencia, a un conformismo nada positivo, desde el punto de vista cultural y formativo, para niños y adolescentes.

Las cadenas de televisión deberían competir en la emisión de programas de calidad para ganar audiencia y abandonar la táctica de contraprogramación subcultural en la que se han instalado. La salud mental de los televidentes, sobre todo la de los más jóvenes, saldría muy beneficiada.

Los padres se deberían implicar mucho más , a través de las Asociaciones de telespectadores , y participar en la creación de los Consejos Audiovisuales en todas las CC.AA ( como ya existe en Cataluña ), a fin de conseguir elevar la calidad de los contenidos televisivos, y exigir la puesta en marcha del Código ético firmado en 1993 por las cadenas de televisión con el Ministerio de Educación y Ciencia, y las Consejerías de Educación de las CC.AA, que reconoce en su preámbulo: ” el relevante papel que desempeña la televisión en la sociedad española, la influencia que ejerce en la misma, y en particular en el público infantil y juvenil, así como el potencial educativo que el medio televisivo contiene”.

¿Cual es el papel que debe jugar el médico de Atención Primaria?

Los pediatras y médicos de familia han de orientar a los padres para que recuperen el control de la televisión, y han de ser conscientes de que ellos, junto con los padres y educadores tienen la” fuerza” para lograr los cambios en los medios, y conseguir una televisión de calidad, al menos en la programación infantil y juvenil.

El médico de atención primaria necesita hacer una historia clínica televisiva, si ve en sus pacientes alguno de los siguientes problemas:

  • Obesidad
  • Trastornos del aprendizaje
  • Comportamiento agresivo
  • Depresión
  • Ideas suicidas

Recomendaciones para las familias

  • Seleccionar los programas cuando los niños son pequeños, y hacerlo conjuntamente cuando son mayores
  • Recordar que es indispensable dosificar el tiempo de visión; no más de una o dos horas diarias, según la edad.
  • Los niños menores de dos años no han de ver la televisión.
  • No sacrificar por la televisión la realización de otras actividades ( juegos , lectura, deportes…etc.)
  • Hacer comentarios y críticas sobre los programas.
  • Alertar a los hijos sobre los efectos de la publicidad.
  • No dejar a los niños solos frente al televisor. Necesitan de los adultos para juzgar lo que ven.
  • No encender la televisión durante las comidas, sería desaprovechar para el diálogo, uno de los pocos momentos en que la familia está reunida.
  • El abuso televisivo tiene una influencia negativa sobre el rendimiento escolar.
  • Los padres no deben olvidar que sus propios hábitos televisivos serán adoptados frecuentemente por sus hijos.

 

PAPEL DE LOS ABUELOS EN LA FAMILIA

La integración de los abuelos a la vida familiar suele tener un papel diferente al de los padres. Hay muchos casos en los que los abuelos sustituyen “abusivamente” a los padres haciendo de “canguros”. Para los padres “sale más económico y los hijos estarán bien cuidados”. Para los abuelos, las ganas de quedar bien y el miedo a que “si no se hacen cargo de los nietos después no se los dejarán ver”.

Una de las principales preocupaciones de los padres es dejar a sus hijos bien cuidados cuando ellos se van al trabajo o faltan de casa. Se puede elegir una guardería, un canguro o incluso los abuelos. La decisión ha de ser tomada con cautela y seguridad. La psicóloga clínica Lourdes Mantilla Fernández en su artículo “Mamás que trabajan” nos invita a plantearnos las siguientes cuestiones que ayudan a tomar una decisión más acertada:

  • Hay que realizar una introducción progresiva de esa nueva persona (familiar, canguro, etcétera) o institución (guardería, escuela…) en la vida del niño.
  • Hay que mostrar una total confianza hacia esa elección para que, tanto el niño como la madre, estén absolutamente tranquilos.
  • Si es posible, conviene mantener los mismos hábitos que se seguían hasta que se ha producido el cambio: horarios, comidas, tiempo de parque…

 Los padres deben transmitir a los hijos una buena y sana estima por los abuelos, no percibir su relación como meros ayudantes sino como elementos insustituibles en el proceso de formación de los niños, merecedores de respeto y amor, y olvidando el lema de que las personas valen en la medida en que son “utilizables”.

La convivencia con los abuelos habría que plantearla como un hecho positivo y entusiasmador, como forma de dar afecto a unas personas que lo necesitan, pero no como un acto de compasión.

Todos los padres que han tenido que recurrir a dejar los hijos con los abuelos o alguna otra fórmula (guardería, canguro, etc.), han sentido una sensación de culpabilidad y descontento por no dedicar todo el tiempo que quisieran a los hijos y porque quieren controlar lo más posible el desarrollo de los chicos. La realidad y la experiencia hace caer en la cuenta de que es imposible llevar un control absoluto tanto del trabajo como de los hijos, la pareja, la casa, los amigos, etc. Por eso es necesario aliviar responsabilidades y evitar tensiones para sentirnos mejor. Para conseguirlo desde el principio y antes de que aparezcan estos sentimientos y las posibles frustraciones es importante:

  • Dejar de lado la idea de superwoman o superman: nadie puede ser una madre o padre ejemplar, una esposa o esposo ideal y un excelente trabajador.
  • Si los padres se tienen que ausentar del hogar por razones de trabajo han de permitirse dejar en manos de personas de confianza el cuidado de sus hijos.
  • Antes que unos padres frustrados, tensos o deprimidos, los hijos necesitan de unos padres afectuosos e interesados por su desarrollo.
  • Abandonar el sentimiento de culpabilidad: en el contacto con nuestros hijos se cumple una vez más el principio de que no es tan importante la cantidad de tiempo que pasemos con ellos, como la calidad del mismo.

Debemos asumir también que la relación con los abuelos puede ser difícil. En la vida hay algunos aspectos ásperos que se ponen más de manifiesto en la vejez y saber admitirlo es una manera de aceptar la realidad y prepararse para vivirla. Los abuelos nos acercan al sufrimiento y a la vez la posibilidad de no dramatizarlo.

Según el psiquiatra Joan Corbella “una contingencia cada vez menos valorada educativamente es la necesidad de dar a los hijos mecanismos para aprender a tolerar frustraciones y a darse cuenta de que, en el transcurso de la vida, se encontrarán con gran cantidad de imponderables que ellos no podrán controlar y que deberán aceptar. Entre una actitud paterna que querría evitar a sus hijos todo tipo de sufrimientos y otra que pretende programar algunas frustraciones para que el niño vaya aprendiendo a tolerarlas, acontecen a lo largo de una vida, y entre ellas, las enfermedades y defunciones de las personas queridas pueden ser de un valor incomparable”.

Pero aparte de estos aspectos debemos considerar que el papel de los abuelos en nuestra sociedad actual puede generar “celos” en los padres de que les quieran más que a ellos, o que les eduquen a su manera, o que se “entrometan” en sus vidas.

Estos son temores comprensibles cuando son los abuelos quienes pasan más tiempo con los niños, debido a los horarios y obligaciones profesionales de los padres. Hay ocasiones en que se produce una “competitividad” entre abuelos y padres. Estos últimos se hacen preguntas del tipo: ¿habrá comido lo suficiente?, ¿se echó la siesta a su hora?, ¿nos echó de menos?, etc.

En nuestra cultura de familias compuestas sólo de padres e hijos cada nueva generación busca sus propios valores de manera solitaria. Sin la experiencia y fuente de valores culturales que aportarían los abuelos, las familias jóvenes pueden sentirse ansiosas e inseguras. A veces dejar al niño con un pariente cercano puede generar tensiones, en cambio curiosamente con algún extraño es más fácil de llevar. Este efecto se produce por el tema anteriormente tratado de los “celos” y es más frecuente en las abuelas. Sin embargo, los abuelos son ajenos al conflicto edípico inmediato, no tienen necesidad de ser autoritarios, pueden ser indulgentes y afables.

Conviene que las dos generaciones se pongan de acuerdo respecto a las pautas fundamentales. En el caso de las abuelas son muchas las que buscan la manera de ser importantes para sus nietos y útiles a sus propios hijos. Aquí tenemos algunas formas adecuadas de empezar:

  1. Defienda la preeminencia de su papel: consiga que su papel merezca la confianza de los padres y la aprobación del niño. Así resultará útil a ambas generaciones.
  2. Ofrézcase para atender a los niños regularmente y cuando lo necesiten. Puede hacerse cargo de los niños para que no vayan a la guardería o en otro caso, atenderlos los domingos después del almuerzo o los sábados por la noche. Los padres se lo agradecerán.
  3. Busque el pretexto y la forma de organizar reuniones los días festivos. Los recuerdos de los gratos momentos de contacto con la familia serán perdurables. Desoiga las objeciones e inconvenientes de sus hijos y diga “os esperamos”
  4. No halague a sus nietos sólo en las reuniones familiares. Regáleles algún juguete aunque no sean fechas clave (navidad, etc.) Lléveselos al parque, al cine. Busque tiempo para hablar con cada uno de ellos. Hábleles de sus padres cuando tenían su edad.
  5. Nunca les diga a sus hijos cómo deben proceder en presencia de sus nietos.
  6. Sea un remanso de paz y estabilidad para ambas generaciones. Esto significa que a veces debe mantener la boca cerrada. Deje que recurran a usted y prodíguese en dar consuelo, experiencia y amor familiar, para así proporcionar estabilidad a todos los miembros de la familia.
  7. No importune a los pequeños, para evitar que le rehúyan.
  8. Y si vive lejos, manténgase en contacto: llame por teléfono, haga visitas regularmente por cortos periodos, manténgase al corriente de los gustos de cada uno de sus nietos, etc.

En general, podemos afirmar que los abuelos (tanto hombres como mujeres) son un testimonio de las diferencias generacionales, pero aunque ya hemos hablado de su importancia en el proceso de maduración de los niños, también debemos mencionar que hay veces que esta posibilidad se ve limitada por la actitud de los propios abuelos.

Hay personas mayores que no aceptan su condición y luchan contra el tiempo. Hay abuelos rígidos y gruñones que quieren enseñar riñendo y criticando la conducta de los nietos. Hay abuelos que no se dejan querer provocando conflictos y tensiones. En resumen, hay mayores que con su actitud favorecen su marginación, pero en cualquier caso, s iempre resulta aconsejable esforzarse al máximo tanto de una parte como de la otra. Los abuelos deben hacer un esfuerzo por integrarse en la vida familiar de los hijos y nietos.

Ser viejo es una realidad, no un derecho que permite manipular a los otros, del mismo modo que los jóvenes no tienen derecho a manipular a los viejos. Los abuelos jubilados pueden dar al hijo un testimonio de relativización que todos necesitamos para trascender a lo que se hace. El ejemplo de quién es, más allá de sus actos y rendimiento, ayuda a valorar a la persona como tal, hecho que no es fácil encontrar en el contexto de valores que se pretende inculcar actualmente a los niños y a los jóvenes.

En resumen y como conclusión debemos quedarnos con estas ideas importantes:

  1. Los abuelos de hoy día han cambiado. Es verdad que están más dispuestos a ayudar a los hijos para cuidar a los nietos pero también reclaman una libertad y autonomía que hasta la fecha les ha faltado y el bienestar de la sociedad actual les proporciona.
  2. La relación y el contacto con los abuelos siguen siendo muy enriquecedoras para los niños.
  3. Los abuelos representan la memoria histórica y los orígenes de la familia.
  4. Los abuelos transmiten el testimonio de otras épocas, la continuidad generacional, la pertenencia a un árbol familiar, aspectos fundamentales para el desarrollo psicológico de los niños.
  5. Contar con la ayuda y participación de los abuelos en la educación de los hijos aporta ventajas a todos:
  • los abuelos se sienten más útiles y valorados,
  • los padres más tranquilos y,
  • los nietos encantados.

6. Los abuelos suponen un complemento a la educación que los hijos reciben de sus padres.


ADOLECENTES ALCOHOLISMO EN LA FAMILIA

Si se encuentra entre los millones de personas en este país que tiene uno de sus padres, abuelos o algún otro miembro cercano de la familia que es alcohólico, se habrá preguntado qué significado tiene este antecedente familiar en su vida. ¿Formarán parte de su futuro los problemas con el alcohol? ¿Tendrá más propensión al alcoholismo que otras personas, cuyas historias familiares no incluyen la enfermedad? Si así fuera, ¿qué puede hacer para minimizar el riesgo?

Muchas investigaciones científicas han demostrado que los factores genéticos tienen influencia sobre el alcoholismo. Estos descubrimientos demuestran que los hijos de padres alcohólicos son hasta cuatro veces más propensos a desarrollar problemas con el alcohol que el resto de la población general. Sin embargo, el alcoholismo no se determina solamente por la composición genética heredada. De hecho, más de la mitad de los hijos de padres alcohólicos no llegan a serlo.

Existen estudios que demuestran que muchos factores influyen sobre el riesgo de desarrollar alcoholismo. Los investigadores creen que el riesgo en una persona incrementa cuando existen en la familia las siguientes dificultades:

  • un padre alcohólico sufre de depresión o algún otro problema psicológico;
  • ambos padres abusan del alcohol y otras drogas;
  • el abuso del alcohol por parte de los padres es severo; y
  • los conflictos llevan a agresión y violencia en la familia.

 La buena noticia es que muchos de los hijos de padres alcohólicos, aún aquellos que provienen de las familias más perturbadas, no siempre desarrollan problemas con las bebidas alcohólicas. Así como la historia de alcoholismo en la familia no garantiza que una persona será alcohólica, tampoco lo garantiza el ser criado en una familia con muchos problemas, con padres alcohólicos. El riesgo es mayor, pero no tiene porqué ocurrir.

Si le preocupa que la historia familiar de alcoholismo o los problemas de su vida en familia lo pongan en riesgo de convertirse en una persona alcohólica, aquí se ofrecen consejos de sentido común para ayudarle:

Si es menor de edad, evite consumir bebidas alcohólicas—En primer lugar, hacerlo es ilegal. En segundo lugar, la investigación demuestra que se corre mayor riesgo de convertirse en una persona alcohólica, cuando se comienza a beber a edad temprana, probablemente como resultado tanto del medio como de factores genéticos.

 Como adulto, beba moderadamente—Aún cuando no exista antecedente de alcoholismo en la familia, aquellos adultos que eligen consumir bebidas alcohólicas deben hacerlo con moderación; en el caso de la mayoría de las mujeres, no más de una bebida por día; en el caso de la mayoría de los hombres, no más de dos bebidas al día, de acuerdo con las recomendaciones del Departamento de Agricultura y del Departamento de Salud y Recursos Humanos, de Estados Unidos. Algunas personas no deberían beber en absoluto, incluyendo mujeres que están embarazadas o están intentando hacerlo; personas que están recuperándose del alcoholismo; cualquier persona que anticipa tener que conducir un automóvil o llevar a cabo alguna otra actividad que requiera atención o pericia; personas que se encuentran tomando ciertos medicamentos y personas con determinadas condiciones médicas.

 Las personas con antecedente familiar de alcoholismo, que corren mayor riesgo de desarrollar dependencia, deberían encarar el consumo moderado de alcohol con prudencia. Es posible que les resulte más difícil mantener hábitos de consumo moderados, que a otras personas en cuyas familias no existe historia de alcoholismo. Una vez que una persona pasa del consumo moderado de alcohol a tomar en exceso, el riesgo de problemas sociales (como por ejemplo, conducir bajo la influencia, violencia y trauma) y los problemas médicos (como por ejemplo, enfermedad hepática, daño cerebral y cáncer) aumentan considerablemente.

Hable con un profesional de la salud—Discuta sus preocupaciones con un médico, enfermera u otro profesional de la salud. Pueden recomendarle grupos u organizaciones que posiblemente lo ayuden a evitar problemas con el alcohol. Si usted es una persona adulta que ya ha comenzado a beber, un profesional de la salud puede evaluar sus hábitos con respecto al consumo del alcohol y determinar si fuera necesario que disminuya el consumo y cómo hacerlo.


COMPARTIR Y REPARTIR TAREAS DE LA CASA

Aprender a colaborar. Ayuda en casa.

La familia ha sufrido una gran transformación en todos los aspectos: composición, roles de los componentes que la integran, etc. Hay modelos de familia distintos a los que estábamos acostumbrados a ver a nuestro alrededor. Y los roles han evolucionado a favor de la mujer.

Ahora la colaboración en la casa es tarea de todos y no solo de las mujeres y su pareja, sino de todos los que componen la unidad familiar.

Hay que enseñar a los niños, desde pequeñitos, que las tareas de la casa no tienen sexo. Cualquiera puede hacer una cama, recoger la mesa o poner el lavaplatos. Cualquier tipo de tarea, bien sea doméstica o no, no debe ser asignada en razón al sexo. Si enseñamos esto desde pequeños a los niños lograremos empezar a realizar un cambio tan necesario en nuestra sociedad.

Entre las tareas que podemos enseñar a nuestros pequeños, poco a poco, podemos citar algunas (aunque ustedes mejor que nadie, y en función de la edad del niño, sabe mejor que nosotros que le puede encargar y que no):

.- Orden en el cuarto: ordenar los juguetes y demás trastos que pueda haber en su habitación. Enseñarle a tener en orden la habitación una vez que ha terminado de jugar. Si es un poco más mayor, enseñarle a tener ordenada también su ropa, sus libros, sus zapatos, etc.

.- Hacer la cama. Siempre antes de irse a la escuela, hay que enseñarles a dejar la cama hecha y arreglada.

.- Recoger siempre después de cada comida (desayuno, almuerzo, merienda, cena, etc.). Hay dejar el plato, el vaso, los cubiertos, etc. en el lavavajillas o bien en el fregadero (o donde se les diga que lo dejen).

.- Colaborar en algún tipo de tarea simple (dependiendo de la edad) en la limpieza de la casa (barrer, limpiar cristales, etc.).

.- Recados. Hay que colaborar haciendo los recados que nos pidan: ir al supermercado, a la mercería, etc.

.- Mascotas. El cuidado de las mascotas debe ser responsabilidad del dueño de la mascota. Si la mascota es familiar, entonces habrá que hacer un calendario o esquema para repartirse las tareas que tengan que ver con la mascota (comida, paseo, aseo, etc.).

.- Pinche de cocina. Algunas veces puede ser necesaria la ayuda en la cocina. Habrá que darles tareas poco peligrosas y sencillas; la cocina es una fuente de peligros.

.- Negocio. Hay ocasiones, en las que la familia tiene un pequeño negocio. Tampoco es descabellado pensar en asignarle alguna tarea en determinadas épocas del año donde el incremento de trabajo es notable (vacaciones de verano, fechas navideñas, etc.). Siempre le ayudará a tomar conciencia de lo que valen las cosas y lo que cuesta ganarlas.

La colaboración y asunción de todo tipo de tareas, además de educar al niño, le ayuda a tomar conciencia del sentido de la responsabilidad. El niño tendrá una mayor autoestima y una mayor capacidad de independencia, en un futuro. Y si desde niño lo hace, tendrá un sentido menos “machista” que los educados en la filosofía de que las cosas de casa son cosas de mujeres.


COMO ORGANIZARSE UNA FAMILIA

 

LA ORGANIZACIÓN COMO AYUDA PARA EL APRENDIZAJE

Cuando la organización, el orden y  las estructuras se viven dentro de una familia, el aprendizaje para los hijos se facilita, pues todos los contenidos académicos tienen secuencias, ritmos, estructuras, que cuando se tiene la capacidad para seguirlos es más fácil comprenderlos y asimilarlos.

Una buena idea para iniciar el año, es revisar o crear la agenda familiar en donde se plasmarán las actividades y tareas importantes que realizará la familia; en ella estarán plasmadas las clases de los hijos, los eventos familiares, los espacios de convivencia familiar, las tareas de la casa, los fines de semana etc. Cuando los hijos especialmente los más pequeños tienen una idea clara de lo que sucederá en el día se sienten más seguros y confiados, lo que ayuda a que en el colegio se sientan motivados y entusiastas para el aprendizaje.

            A continuación presentamos algunos tips para que puedas realizar esta agenda.

  1. Asegúrate de organizar una pequeña reunión de la familia en donde se realice una lluvia de ideas sobre cómo será la agenda, pueden hacer un diseño especial decorada por los niños, pueden usar la computadora, o una libreta o agenda común, sean creativos.
  2. Definan un lugar especial para la agenda donde todos tengan acceso libre.
  3. Definan un momento en que cada miembro de la familia revisará la agenda, es muy importante que esto se convierta en una rutina pues si se deja, el mensaje para los hijos será que la organización no es importante.
  4. Dediquen espacio para darle a cada hijo una responsabilidad especial.
  5. Definan claramente los tiempos que dedicarán a las tareas escolares e intenten que estos sean cumplidos.
  6. Respeten el tiempo determinado para la tarea, y dejen un tiempo extra por si algún día requieren de más tiempo.
  7. Incluyan un espacio en donde sus hijos revisen sus pendientes, tareas y responsabilidades para así poder cumplirlas.
  8. Promuevan la participación de todos los miembros de la familia.

 

BENEFICIOS DE ESTA AGENDA

  • El orden y la estructura en la vida de un niño se reflejará un la estructura mental que le ayudará a comprender mejor y con mayor facilidad.
  • Ayuda al desarrollo de la atención y concentración.
  • Aprender a llevar una agenda desde pequeño.
  • Convivencia familiar.
  • Seguridad, un niño que se siente seguro en la escuela dedicará toda su atención al aprendizaje.
  • Desarrollo de la creatividad, ubicación espacial y coordinación visomotora, necesarias para el desarrollo de las matemáticas y la escritura.
  • Una persona organizada tiene más tiempo libre, menos estrés y mayor capacidad para afrontar situaciones difíciles.

COMO EVITAR PELEAS FAMILIARES

En el presente artículo se pretende dar ideas a los adultos para conseguir evitar, prevenir cualquier disputa familiar con los hijos sean de la edad que sean. Sabemos que es mejor evitarlas que no afrontarlas. Si es el segundo caso podemos remitirnos a los recursos que se ofrecen en el artículo de esta sección titulado “Cómo afrontar una pelea familiar” El objetivo de todo adulto, padre o madre, es prevenir esas situaciones tensas que se suceden con los hijos y que crean malestar y distanciamiento entre los miembros de la familia.

En primer lugar debemos tener en cuenta que LA MALA CONDUCTA PUEDE SER UNA LLAMADA AL AMOR. En gran número de ocasiones, los hijos se comportan de una forma inadecuada con el único fin de llamar la atención de los mayores y lo que nos están pidiendo en realidad es que los atendamos, los queramos, les falta afecto. No tenemos que entender las situaciones de pataleo, contestaciones inadecuadas, etc. como algo personal. Es erróneo pensar que cuando un hijo dice “¡…no te quiero!”, lo dice de verdad, o que es un ataque personal. Es más acertado pensar que el hijo, en esa situación de ira, está manifestando falta de cariño y a los padres no les supondrá un gran esfuerzo ofrecérselo planteando los límites necesarios ante la mala contestación o comportamiento fuera de lugar que previamente ha manifestado el hijo.

Es necesario, por otro lado, recordar al hijo que TODOS ESTÁN EN EL MISMO EQUIPO. Es necesario convencer al hijo en un momento de enfado que tanto el adulto como el hijo se encuentran en la misma situación que es la de convivir juntos y quererse. Es imprescindible contactar visualmente con el chico y decirle que pese a que no esté de acuerdo con la medida adoptada, pese a que no se le deje ir a donde el hijo quiere, o hacer lo que él quiere, los dos o todos los miembros de la familia están del mismo lado, con los mismos objetivos, en el mismo equipo.

Para prevenir una mala situación entre padres e hijos como una disputa familiar, debemos recordarles que NADIE ES PERFECTO. Todos sabemos la cantidad de veces que hemos vuelto a casa después de un mal día: hemos tenido un día tenso en el trabajo, para llegar a casa hemos tenido que soportar un gran atasco y además bochornosas tensiones con los otros conductores, no está la comida hecha, la casa sin colocar y limpiar y para colmo llega la hija diciendo que le han suspendido el examen que el día de antes le costó tanto esfuerzo preparar. Situaciones similares a la descrita se dan a menudo en la familia y es el caldo de cultivo para explotar ante una mala contestación, mirada, gesto o similar. Es el momento ideal para recapacitar y recordar con los hijos que nadie es perfecto, reconocer las culpas, lo que genera siempre un acercamiento en la familia y un reconocimiento del cariño y del amor que se profesa en el seno familiar.

SIEMPRE DEBEMOS AFRONTAR UN CONFLICTO Y NO EVITARLO. En la convivencia diaria se generan multitud de situaciones que no son siempre agradables. Esto es normal porque no todos pensamos igual. Incluso debemos decir que es necesario que surjan conflictos porque cada uno debe defender sus ideas, sus posturas, sus formas de ver la vida e interpretar las relaciones humanas. Pero es importante recalcar que un conflicto no debe incluir una pelea. Debemos saber vivir respetando al prójimo y sus ideas. Hay que insistir que es bueno que cada uno tenga sus ideas. Surge el problema cuando cada uno piensa que sus ideas son mejores que las de los demás (situación de gobierno autoritario), o que la forma de pensar de los demás es errónea y nosotros estamos en lo cierto (situación que provoca irritación en los demás). Los hijos han de saber que el desacuerdo es positivo. Podemos afirmar esto porque el desacuerdo obliga a expresar las ideas y los sentimientos de cada uno lo que es señal de salud y clima de libertad y respeto a las formas de pensar de los demás. Los padres no deben esconder sus sentimientos y ante todo, deben expresar sus sentimientos en el momento que los problemas surjan. De lo contrario, el resentimiento y malestar se va adueñando del ánimo de uno, se crean frustraciones y lo más fácil es que surjan peleas y riñas, cosa que queremos evitar. Por otro lado, los hijos, basándose en el aprendizaje por imitación, ven el comportamiento de los padres y acaban haciendo lo mismo y cometiendo los mismo errores.

Por último, hay que recordar que EL ADULTO DEBE PREOCUPARSE POR SÍ MISMO. Esto quiere decir que si el adulto cuenta con un equilibrio psíquico, emocional, afectivo, físico, etc., en una palabra, con buena salud, es obvio que repercutirá positivamente en las personas que conviven con él. Este estado de bienestar irradia a los demás felicidad, relajación, energía positiva que redundará en buenas relaciones entre todos y respuestas adecuadas ante cualquier situación anómala que pueda surgir.

CAROLYN MEEKS en su libro “Recetas para educar” (Ediciones Médici, Barcelona 2002) expone algunas PAUTAS PARA PREVENIR UNA CRISIS que exponemos a continuación:

1. Ejercicio.

El ejercicio sistemático a lo largo de la semana practicando algún deporte o bien el paseo comporta bienestar a uno mismo y un adecuado equilibrio emocional.

2. Meditar, relajarse o soñar.

El hombre en la historia ha dedicado tiempo a la meditación. Hoy día, debido al ritmo acelerado de vida que llevamos, no nos paramos a pensar en las cosas que hacemos o en los porqué de los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. Ante esta situación, es necesario pararse a pensar un corto espacio de tiempo cada día. Es una medida que reconforta la mente y el espíritu que aporta paz interior.

3. Contacto.

El contacto tanto físico como visual resulta una terapia. Tanto los hijos como los padres necesitan del contacto para entenderse y vivir en fraternidad.

4. Minivacaciones.

Es necesario recompensarse de vez en cuando. En gran número de ocasiones conseguimos lo que pretendemos y no lo celebramos. Es verdad que no nos podemos permitir irnos de vacaciones al tres por dos o disfrutar de todo el tiempo libre que quisiéramos, pero tampoco es necesario. Únicamente debemos dedicar pequeños periodos de tiempo a realizar tareas originales, creativas que nos permitan salir de la monotonía. Por ejemplo, las salidas cortas frecuentes resultan más beneficiosas que las largas y más espaciadas.

5. Aceptar ayuda.

No sea mártir de continuo. Cuando le ofrezcan ayuda, acéptela. Acepte consejos que siempre vienen bien. Incluso debemos saber pedir ayuda si no nos la ofrecen.

6. Tomar partido.

Toda persona que se interesa por las cosas y/o las personas, es interesante en sí misma. Es bueno y sano pertenecer a algún grupo, asociación, etc.; hace sentirse viva, activa a la persona. Por otro lado, pertenecer a un grupo obliga a la persona a implicarse e involucrarse en acontecimientos de la vida cotidiana, a ayudar a los demás y a comprender la vida de otra forma que redunda en una mejor educación con los hijos.

7. Cuidar la salud física.

Empezando por despreciar la comida rápida. La buena costumbre de cuidarse físicamente redunda en beneficio de los hijos porque también se esfuerza uno en que los hijos se encuentren sanos físicamente. Igual de bueno es la actividad física como un descanso reparador, suficiente y de calidad.

8. Juego.

El adulto también necesita jugar por adulto que sea. No nos referimos a juegos como los de los niños. Se trata más bien, de pensar que tareas, actividades que reconforten al adulto, que le hagan sentirse bien, o pasar un rato agradable por trivial que parezca. Hay que procurar hacerlo durante unos minutos todos los días.

Si conseguimos llevar a cabo todas estas medidas o por lo menos tenerlas en cuenta en nuestra actividad diaria estamos consiguiendo un doble objetivo muy importante: por un lado conseguimos una vida más feliz y agradable con más bienestar y calidad; por otro, hacemos un gran regalo a los hijos y es ofrecerles un hermoso modelo para alcanzar el bienestar y la felicidad


 

COMO AFRONTAR UNA PELEA FAMILIAR

A menudo surge en la familia situaciones en las que el comportamiento de los más pequeños es de lo más irritable. Por desgracia a menudo, los adultos reaccionan de una forma irascible en los mismos términos que los hijos y claro está, el terremoto está servido. Los adultos estamos convencidos de que los niños son muy inteligentes y saben cómo sacar de quicio a los demás. Los niños manipulan con sus antojos y peticiones a los mayores y de esa manera obtienen todo tipo de parabienes.

Y es que la intención inicial de los mayores es la de controlar la situación porque se consideran maduros y lo suficientemente preparados como para conseguir los propósitos establecidos. Ya sabemos que el problema está en que eso no es verdad.

¿O es que acaso no recordamos cómo reaccionamos la vez que la niña no quería tragarse la bola de comida cuando comía pescado?, o ¿cuando pedimos que colocara la habitación y se nos fue dando largas hasta que al final no se cumplió nuestra petición?, y así una tras otra. En todas estas situaciones y otras muchas similares, los padres se han hecho los fuertes, se han propuesto controlar la situación y conseguir sus objetivos por las buenas y dando sensación de poder y control y al final, han conseguido frustrarse porque han dado una pésima imagen ante el hijo e incluso ante otros adultos que presenciaban la escena perdiendo el único prestigio que uno puede tener.

En el día a día, en las relaciones que se mantienen entre los miembros de la familia ES NORMAL QUE SURJAN DESACUERDOS porque también sabemos que donde hay amor también existe conflicto. Y es que donde hay personas que piensan hay discrepancia de pareceres, de formas de actuar…, eso es normal. Todos no podemos pensar igual. El avance y el desarrollo nacen de la disparidad de criterios e intereses y eso es lo que pasa en la familia. Ante esta situación, es importante reconocer un problema y antes de esto, saber que existe y atajarlo cuanto antes de la mejor manera posible.

Sabemos que hay dos formas de afrontar e intentar solucionar un problema: constructiva y destructiva.

Afrontar un problema de forma destructiva daña la autoestima de los rivales y desgasta emocionalmente a los enfrentados. Esta forma de solucionar un problema es ruidosa, violenta,… sobre todo cuando se llevan a cabo en público, ante una visita, en la calle, ante amigos, etc. Sin embargo, afrontar un problema de forma positiva, constructiva, supone desarrollo, alienta el diálogo y permite que los contendientes lleguen a su máximo potencial. No es difícil llegar a afrontar un problema de una forma constructiva si nos lo proponemos y desde aquí nos proponemos dar algunas ideas que con seguridad nos facilitarán más la relación en familia.

Lo normal, por desgracia, es que los problemas se solucionan con DISPUTAS que en la mayoría de las veces son INNECESARIAS. Estas disputas surgen, por parte de los mayores, cuando ven que la situación se les va de las manos y observan que no controlan ni tienen tanto poder como quisieran. Por otro lado, no siempre se puede evitar pelear y si esto llega a producirse es conveniente elegir bien las “batallas”.

Hay que tener en cuenta aquellas situaciones que tienen verdadera importancia: problemas relacionados con los valores, la comunicación, etc. además hay que saber valorar la importancia real de cada situación porque dos problemas relacionados con un mismo tema (como puede ser la honestidad) no tienen la misma importancia porque no afectan por igual a la persona implicada o el posible daño que se ocasiona no es tan grave. Por otro lado, es conveniente afrontar disputas que creamos que vamos a salir victoriosos y con el objetivo cumplido.

También suelen surgir problemas cuando LOS HIJOS RETAN A SUS PADRES Y ESTOS NO LO SOPORTAN. La impotencia estaría detrás del hecho de que un adulto afronte de forma airada una situación conflictiva. Los adultos piensan que deben controlar en todo momento la situación y en el momento que un hijo presenta un problema, se cree que en parte es un fracaso del adulto que se violenta y cree que es un fracaso suyo. La respuesta del adulto es la de afrontar el problema de forma destructiva y lo que hay que pensar es que un hijo puede desafiar a sus padres y eso no significa que éstos sean unos fracasados.

Por otro lado conviene recordar una máxima que no por básica debemos dejar de lado: PARA PELEAR HACEN FALTA DOS. Si uno de los contendientes no recibe respuesta del otro pese a que le ha provocado, dejará de ofrecer una actitud de ataque.

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“Por desgracia muchos problemas se solucionan con disputas innecesarias, sin embargo, las peleas también se pueden afrontar de forma constructiva” 

 Sabemos que hay dos formas de afrontar e intentar solucionar un problema: constructiva y destructiva. Afrontar un problema de forma destructiva daña la autoestima de los rivales y desgasta emocionalmente a los enfrentados. Esta forma de solucionar un problema es ruidosa, violenta, sobre todo cuando se llevan a cabo en público, ante una visita, en la calle, ante amigos, etc. Sin embargo, afrontar un problema de forma positiva, constructiva, supone desarrollo, alienta el diálogo y permite que los contendientes lleguen a su máximo potencial. No es difícil llegar a afrontar un problema de una forma constructiva si nos lo proponemos y desde aquí nos proponemos dar algunas ideas que con seguridad nos facilitarán más la relación en familia.

Lo normal, por desgracia, es que los problemas se solucionan con disputas que en la mayoría de las veces son innecesarias. Estas disputas surgen, por parte de los mayores, cuando ven que la situación se les va de las manos y observan que no controlan ni tienen tanto poder como quisieran. Por otro lado, no siempre se puede evitar pelear y si esto llega a producirse es conveniente elegir bien las “batallas”.

Hay que tener en cuenta aquellas situaciones que tienen verdadera importancia: problemas relacionados con los valores, la comunicación, etc. además hay que saber valorar la importancia real de cada situación porque dos problemas relacionados con un mismo tema (como puede ser la honestidad) no tienen la misma importancia porque no afectan por igual a la persona implicada o el posible daño que se ocasiona no es tan grave. Por otro lado, es conveniente afrontar disputas que creamos que vamos a salir victoriosos y con el objetivo cumplido.

También suelen surgir problemas cuando los hijos retan a sus padres y estos no lo soportan. La impotencia estaría detrás del hecho de que un adulto afronte de forma airada una situación conflictiva. Los adultos piensan que deben controlar en todo momento la situación y en el momento que un hijo presenta un problema, se cree que en parte es un fracaso del adulto que se violenta y cree que es un fracaso suyo. La respuesta del adulto es la de afrontar el problema de forma destructiva y lo que hay que pensar es que un hijo puede desafiar a sus padres y eso no significa que éstos sean unos fracasados.

Por otro lado conviene recordar una máxima que no por básica debemos dejar de lado: para pelear hacen falta dos. Si uno de los contendientes no recibe respuesta del otro pese a que le ha provocado, dejará de ofrecer una actitud de ataque.


LA TELEVISION EN LA FAMILIA

1.- LA TELEVISIÓN SE APAGA

Las palabras que preceden a esta guía sólo le llevarán unos minutos de lectura. Antes de continuar, le sugiero que no siga leyendo y realice el siguiente ejercicio: deje de ver la televisión los próximos siete días a partir de este momento y lea después esta guía.

Si usted y su familia no ven la televisión no pierda el tiempo con esto consejos porque no son para usted y los suyos. Si, por el contrario, la televisión se encuentra habitando en su casa, en un lugar preferente, esta guía puede serle de utilidad.

¿Ha sido usted capaz de realizar el ejercicio propuesto? ¿Ha sido usted capaz de abandonar sus hábitos televisivos durante una semana, quizá seis días, tan sólo cuatro,… dos? ¿No ha podido prescindir de la televisión un solo día? ¿Lo ha logrado algún miembro de su familia? ¿Ha retado a sus amigos y conocidos?

Piense detenidamente en sus respuestas. Tanto si ha llevado a cabo el experimento como si optó por dejar que la televisión siguiera encendida, los datos y propuestas que, a continuación, le ofrezco pueden ayudarle a ver el riesgo que la televisión encierra para su familia pero también, y lo más importante, la gran riqueza que este medio de comunicación lleva consigo.

2.- LA TELEVISIÓN EN FAMILIA

Comencemos definiendo la televisión para después insertar ésta en la institución familiar. Con esta palabra compuesta de “tele” y visión” nos referimos a la transmisión de la imagen a distancia valiéndonos de las ondas hertzianas y empleando para esto un aparato receptor al que llamamos televisor. Cuando este aparato se instala con un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas entonces es cuando comienza nuestra historia de desagradables experiencias y ricos encuentros.

Le daré algunos datos obtenidos a partir de muchas historias de la televisión en familia. Si usted no pudo realizar el ejercicio no se preocupe pero tenga en cuenta las siguientes cifras. Usted es uno de los españoles que, como media, durante en el año 2003, ha estado 212 minutos diarios frente al televisor, es decir, ha dedicado 53 días del año a ver imágenes a distancia a través de las ondas hertzianas. Entienda esta última afirmación con cierta ironía. Sus hijos o discentes habrán pasado, según el estudio de la empresa Sofres, 218 minutos diarios. No se extrañe de estas cifras porque para el 92% de los niños españoles ver la televisión es su actividad preferida al llegar del colegio antes que jugar (86,3%) merendar (85,2%) y hacer las tareas escolares (79,2%)

En el 2003, según datos de Corporación Multimedia, casi 700.000 niños vieron la televisión diariamente en el prime time, es decir tras el informativo nocturno, convirtiendo a esta franja horaria en la de mayor audiencia infantil aunque resulte sorprendente. Otro dato que podemos calificar de preocupante es que más de 150.000 niños ven la televisión a partir de las doce de la noche, en el llamado late night.

¿Qué ven nuestros niños? Según Sofres, en el año 2002, los niños de 7 a 12 años se decantaron por el Festival de Eurovisión. Un 90,8% vio el Festival, ante la pantalla se congregaron 950.203 niños. Las películas favoritas las emitió Antena 3: Solo en casa 3 y Manolito Gafotas con cerca de medio millón de espectadores. Entre las series españolas el 66,8% de cuota infantil prefiere Ana y los siete y el 52,55% (432.916 espectadores) vio la serie Cuéntame cómo pasó. Los dibujos de Los Simpson son seguidos por el 58,06 %.

Los últimos datos reflejan lo que ven los espectadores hasta los 12 años. A partir de esta edad y hasta los 24 años, sin embargo, se observa un cambio de tendencia. En esta franja ha descendido el consumo de televisión. Los jóvenes están delante de la pantalla de televisión 142 minutos diarios. Completan su tiempo de ocio con otras pantallas: la de los videojuegos y la del ordenador conectado a Internet.

La tendencia a la baja en el consumo de televisión por parte de los jóvenes no es el único cambio que tenemos que tener en cuenta en la actualidad. También están transformándose los hábitos de visionado. Cada vez vemos menos la televisión en familia. El anuario de la televisión, publicado por el Gabinete de la Comunicación Audiovisual (GECA) dirigido por José Ramón Pérez Ornia, destaca que la televisión pierde paulatinamente su componente familiar y se está convirtiendo en una oferta de consumo individual. Y volvemos a encontrarnos con el grupo de los jóvenes porque esta tendencia aparece más acusada en él, precisamente el segmento de audiencia menos fiel a una cadena determinada y más propenso a zapear. La televisión está dejando de ser un medio familiar por la conjunción de distintos factores: más televisores en cada hogar –casi el 50% de los niños de ESO disponen de una televisión en su habitación-crecimiento de hogares unipersonales y la aparición de nuevos medios como Internet.

Dado el tiempo dedicado a los medios de comunicación, éstos pueden ser un riesgo y una riqueza como subraya el lema Los medios de comunicación en la familia: una riqueza y un riesgo, propuesto para la XXXVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, correspondiente a 2004. Riqueza y riesgo audiovisuales que compiten con instituciones socializadoras como la familia y la escuela. En enero de 2004 el Consejo Audiovisual de Cataluña presentaba el libro blanco sobre La educación en el entorno audiovisual. En este trabajo se señalaba que un niño español está de media más horas delante del televisor que en el colegio. Los menores dedican 990 horas anuales a ver programas de televisión frente a las 960 que pasan en la escuela. Además este libro blanco subraya que el momento del día en que más niños están frente a la pantalla es entre las 21 y las 24 horas, fuera del horario protegido. En total un niño está una media de 30 horas semanales dirigiendo su vista a distintos tipos de pantallas: televisión, ordenador, videojuegos.

Los datos presentados dibujan un panorama que exige la responsabilidad de padres y educadores ante la televisión en familia.

Los dos agentes socializadores más importantes a lo largo de la historia han sido la familia en primer lugar y la escuela en segundo lugar. Por socialización entendemos un proceso por el que el individuo se hace miembro funcional de una comunidad, asimilando la cultura que le es propia. La socialización se caracteriza por la continuidad, la comunicación e imitación de valores, normas y actitudes que definen al grupo y la obtención de premios o castigo otorgados por el grupo social al que pertenece. A estos agentes se han añadido, en las últimas décadas, los medios de comunicación social y, especialmente, la televisión. En estos momentos el protagonismo en el proceso de socialización está repartido y hay un asedio a quienes han ejercido la socialización en otros tiempos. Siguiendo la explicación de Pérez Tornero, podríamos resumir la situación en la que nos encontramos en la actual Sociedad de la Información y del Conocimiento en los siguientes puntos:

— Familia y escuela ya no son las depositarias privilegiadas del saber, o la menos del saber socialmente relevante.

— Familia y escuela no son el único ámbito de transmisión de la educación.

— Familia y escuela no están enseñando la nueva alfabetización en la Sociedad de la Información.

— Padres y profesores, por este contexto, están dejando de ser considerados los únicos que poseían las habilidades y sabidurías para difundir al resto de los miembros del grupo.

— La escuela ya no dispone de los únicos instrumentos para la producción y sistematización del saber.

— Familia y escuela comparten con los medios de comunicación el ser fuente de la racionalidad que explica el orden social.

— Familia y escuela están siendo acosadas y están perdiendo el poder que les había conferido el sistema social tradicional.

Si estamos de acuerdo con la situación descrita, la escuela y la familia tienen que acoger a los medios, convivir, coexistir y coevolucionar con ellos para, evitando sus riesgos, convertir éstos en una riqueza para la socialización de sus miembros. Además la familia tiene que ser consciente de la gran ventaja que tiene frente a los medios de comunicación social. Esta ofrece una socialización personalizada, conforme a las características de cada uno de sus miembros y únicas para ellos. Por el contrario en la socialización mediática se uniforman hábitos y conductas desde la no personalización.

Tenemos que recordar, como subraya Juan Pablo II en el mencionado mensaje, que “los padres, como primeros y principales educadores de sus hijos, son también los primeros en explicarles cómo usar los medios de comunicación. Están llamados a formar a sus hijos “en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios” en el hogar (Familiaris consortio, 76)” (n.5).

A partir de la premisa de que la familia es crucial para entender las interacciones que los telespectadores, como audiencia activa y contextualizada, establecen con la televisión, podemos distinguir tres tipos de mediación familiar hacia la influencia de la televisión:

a) Mediación restrictiva. Los padres establecen normas y controlan la televisión en términos de tiempo y programas.

b) Mediación evaluativa. Los padres discuten y critican los programas con los niños.

c) Mediación desfocalizada. Los padres realizan una evaluación muy generalizada, se comparte el visionado de la televisión pero sin realizar ningún comentario de los programas que se están viendo.

Señala José Ignacio Aguaded (www.grupocomunicar.com), en su obra Convivir con la televisión. Familia, educación y recepción televisiva, que analizar los procesos de mediación de la televisión por la familia es estudiar cómo los aprendizajes que se pueden obtener a través de este medio son influidos por la familia hasta tal punto que la comunicación familiar es un recurso básico para reforzar o evitar aprendizajes.

Hoy nadie duda que los medios de comunicación social desempeñen un papel relevante en el proceso de socialización de niños y jóvenes. La socialización que ejercen los medios podemos decir, sin embargo, que es –en comparación con la familia y la escuela- no intencional de forma manifiesta y asistemática. Podríamos decir que aparentemente enseña sin darse cuenta y no ejerce control sobre lo que está enseñando. Los espectadores aprenden desde la observación y los modelos y conducta que exhibe son imitados. La controversia surge respecto a qué y cuánto se aprende sobre creencias, valores y actitudes con la televisión. Este medio en concreto interviene en el proceso de socialización de tres formas diferentes e interrelacionadas según nos indica la profesora Mª del Carmen García Galera. Por un lado el medio televisivo presenta conductas que pueden imitarse, proporciona imágenes que pueden provocar ciertas acciones y es el medio por el que, a muy temprana edad, los sujetos se familiarizan con los valores de la sociedad de ocio y consumo.

Llegados a este punto podemos diferenciar los dos tipos de aprendizajes relacionados con la exposición a la televisión en el contexto de la familia. El primero de ellos hace referencia a la adquisición del conocimiento social a través de los medios de comunicación. El segundo aprendizaje se refiere al uso de la televisión. Para este último aprendizaje le propongo la guía de las páginas siguientes.

3.- GUÍA PARA VER LA TELEVISIÓN EN FAMILIA

El Papa Juan Pablo II ha señalado en el documento ya mencionado que “una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar los peligros para el bienestar de la familia planteados por los medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento”(n 4). Atendiendo su consejo sobre esas iniciativas prácticas le propongo una guía para ver la televisión en familia.

Para la elaboración de esta guía he tenido en cuenta las famosas “5 W” o preguntas que todo periodista tiene que responder para escribir un buen lead informativo. Por lo tanto las siguientes propuestas se agrupan en quién tiene que ver la televisión y/o ejercer de participante activo en el visionado de los programas, qué contenidos debemos considerar o filtrar, cuándo conviene encender el aparato de televisión, dónde tenemos que ver los programas de televisión y por qué compartimos nuestro tiempo con los medios de comunicación, en concreto con la televisión.

1.- Quién

1.1.- Los padres tiene que preocuparse de los programas de televisión que se ven en su hogar. Echarle la culpa al aparato de televisión es la respuesta más fácil y cómoda.

1.2.- Los padres deben acompañar a los niños en el visionado de los programas de televisión. Esto facilitará a los progenitores el conocimiento de los efectos que determinados programas tienen en sus hijos.

1.3.- Los padres han de informarse del contenido de los programas audiovisuales con anterioridad al visionado de éstos.

1.4.- La familia debe estructurar su tiempo de ocio con diferentes actividades alternativas a la televisión, videojuegos, ordenador, etc.

1.5.- Los padres han de ser críticos con aquellos programas infantiles que no respeten los valores y derechos de los niños.

1.6.- Las familias tienen que organizarse y/o formar parte de las asociaciones de telespectadores para defender su derecho a un medio de comunicación digno, defensor de los derechos humanos y valores constructores de una sociedad responsable y siempre de la vida humana.

1.7.- Los padres tienen que resaltar y apoyar aquellos programas que, con dignidad y profesionalidad, favorecen lo mejor del ser humano desde una ética y una responsabilidad que tiene como objetivo atender y responder a las auténticas necesidades de la sociedad.

2.- Qué

2.1.- Los padres tienen que enseñar a ver programas de televisión y nunca a ver televisión. Este es el primer paso para iniciar a los más pequeños en la selección de contenidos.

2.2.- La familia ha de orientar a los niños hacia la conducta ejemplar de personajes reales mejor que héroes inexistentes o imaginarios. De estos últimos habrá que extraer lo mejor y contrastarlo con ejemplos de la vida cotidiana.

2.3.- Los progenitores tienen que presentar a los más jóvenes aquellos programas que muestren contenidos relacionados con el ocio, la cultura, la naturaleza, etc., evitando aquellos insustanciales o superficiales.

2.4.- Los padres han de saber que, en muchas ocasiones, los llamados programas infantiles y/o dibujos animados no son tan infantiles.

2.5.- Los más jóvenes no pueden ver bajo su capricho, aunque sea acompañados, cualquier espacio de la parrilla de televisión.

2.6.- Los padres tiene que trasmitir en primer lugar los valores morales en la familia y, posteriormente, ésta contrastar y comprobar estos valores en los contenidos mediáticos.

2.7.- La familia debe compartir con sus miembros la cultura de la imagen, pero ésta debe ampliarse a otros ámbitos: cine, fotografía, exposiciones, etc.

2.8.- Los padres tienen que considerar también los anuncios publicitarios como un contenido muy importante de la televisión y que ejerce una poderosa influencia hipnótica en los niños más pequeños. Sirva como ejemplo la relación Navidad y consumo de juguetes donde los spots publicitarios son protagonista del mundo infantil.

2.9.- La familia tiene que dedicar su tiempo a programas de televisión de calidad y evitar aquellos espacios que sólo sirven para perder éste. La televisión es un medio de entretenimiento pero no tiene que ser éste de pésima calidad.

2.10.- Los padres han de tratar de equilibrar los contenidos que seleccionen para ver en compañía de los niños y jóvenes.

3.- Cómo

3.1.- La televisión tiene encenderse cuándo se desea ver algún programa en concreto. No debemos tener ésta en funcionamiento continuo y como fondo permanente de nuestras casas.

3.2.- La mejor forma de ver la televisión es alejar el mando a distancia. El “zapping” continuo construye un discurso incoherente y discontinuo que constata nuestra falta de criterio

3.3.- La televisión es un medio y, por tanto, no podemos convertir ésta en una niñera que distraiga a los hijos porque negamos la esencia del aparato de televisión o la función que tiene que ejercer la familia en el hogar.

3.4.- La televisión puede convertirse en proveedor de contenidos para constituir una videoteca familiar con los mejores programas.

3.5.- La televisión tiene que apagarse cuando el programa seleccionado ha finalizado. No hay que esperar a lo próximo que pueda interesarnos.

3.6.- La televisión no hay que utilizarla como un valor en sí mismo que sirve para premiar o castigar las acciones de los niños. Estas prácticas convierten a la televisión en protagonista del proceso educativo.

4.- Dónde

4.1.- La familia tiene que disponer de un espacio común donde compartir el visionado, los comentarios, las críticas y valores que lleven a cabo los distintos miembros de la casa.

4.2.- Los padres tienen que evitar que los niños dispongan de su propio aparato de televisión en su habitación. Esto facilita que los más pequeños vean cualquier programa sin compañía y conviertan su espacio de trabajo escolar y descanso en recinto abierto a todo tipo de estímulos.

5.- Cuándo

5.1.- La familia tiene que establecer unos horarios para ver programas de televisión que no repercuten en la vida personal ni familiar.

5.2.- Los padres han de limitar el tiempo de visionado de espacios de televisión. Este nunca debe exceder de dos horas y es recomendable no más de una hora diaria.

5.3.- Los progenitores deben planificar también sus propios tiempos para no desatender las obligaciones familiares.

5.4.- La familia tiene que convertir sus reuniones, por ejemplo durante las comidas, en momentos exclusivos de diálogo entre sus miembros y siempre sin contar con la presencia encendida de la televisión.

5.5.- Los padres han de comprender que mirar la televisión es más un hábito que un gusto y como tal hábito pude cambiarse por otro en el ámbito familiar.

5.6.- La familia puede ponerse delante de la televisión cuando las tareas principales de la jornada han llegado a su fin.

5.7.- Los padres no tienen que permitir que los niños hagan sus tareas escolares con la televisión encendida.

6.- Por qué

6.1.- La familia tiene que considerar la riqueza de contenidos que ofrecen los medios de comunicación. Nos permite conocer otros países, otras culturas, nos informa, nos muestra las hazañas deportivas, nos descubre las maravillas de la naturaleza, las manifestaciones artísticas, etc.

6.2.- Los padres no pueden ocultar o prohibir un medio presente en nuestras vidas por los posibles peligros o riesgos que encierra.

6.3.- En la Sociedad de la Información y el Conocimiento, la familia tiene que enseñar a cada uno de sus miembros un nuevo lenguaje para que contraste los valores transmitidos en la familia con los que muestran los medios.

6.4.- La familia ha de entender que como medios de comunicación estos no son ni buenos ni malos, el calificativo que adquieran estará en función del uso que cada uno de nosotros hagamos de ellos.

4.- CONCLUSIÓN

Los medios de comunicación social están en nuestras vidas. Es responsabilidad nuestra que lo que ellos nos ofrecen diariamente se convierta en un riesgo o en una inmensa riqueza. El peor de los contenidos mostrados por estos medios puede ser una buena experiencia si la familia lo comparte y extrae el mensaje correcto desde sus creencias y valores. El mejor de los contenidos, sin embargo, puede perder su gran valor si en el ámbito familiar no se dedica un tiempo a pensar, evaluar, hacer preguntas y a resaltar todo lo bueno que se puede compartir del medio de comunicación. Riesgo, riqueza y responsabilidad de la familia porque los medios de comunicación ya se han quedado a vivir en nuestra casa.

5.- EPÍLOGO: LA TELEVISIÓN SE ENCIENDE

Si usted ha llegado hasta aquí es el momento de volver al prólogo, releer éste y comprobar si se torna distinto. Si es así, una nueva historia se habrá iniciado entre la televisión y su familia y sólo de ustedes depende ponerle cada día el mejor de los finales.

 


LA VIOLENCIA FAMILIAR

Son innumerables las formas la violencia familiar. Puede pensarse en violencia hacia los mayores, entre cónyuges, hacia los niños, las mujeres, los hombres, los discapacitados, etc. Además siempre es difícil precisar un esquema típico familiar, debido a que la violencia puede ser física o psíquica, y ocurre en todas las clases sociales, culturas y edades. la mayoría de las veces se trata de los adultos hacia una o varios individuos.

En la práctica el maltrato tiende a “naturalizarse” es decir se torna cotidiano sobre todo a través de conductas violentas que no son sancionadas como tales. Muchas personas que maltratan son considerados (y se consideran a sí mismos) como de mayor poder hacia quienes son considerados (se piensan a sí mismos) como de menor poder. Cabe destacar que las personas que sufren estas situaciones suelen ocupar un lugar relativamente de mayor vulnerabilidad dentro del grupo familiar. En este sentido la violencia hacia los niños y las mujeres, estadísticamente reviste la mayor casuística, en cambio los hombres maltratados son solo el 2% de los casos de maltrato (por lo general hombres mayores y debilitados tanto físicamente como económicamente respecto a sus parejas mujeres). También cabe enumerar la violencia cruzada, cuando el maltrato pierde el carácter de aparente unidireccionalidad. Desde el punto de vista jurídico resulta dificultosa la comprobación. Cuando se trata de violencia física en su mayoría son lesiones leves, las cuales cuando dejan marcas desaparecen en no más de 15 días.

Por lo general quienes padecen estas situaciones tienen reticencia a denunciar lo que ocurre. Los motivos de este recelo ocupan desde hace muchos años a investigadores y profesionales. Por un lado porque se mantiene una espera de un cambio espontáneo de quién agrede, por otro lado se aceptan las disculpas (típicas) de quién agrede, y se creen las promesas que no se lo volverá a hacer (otro rasgo característico), también influye el temor al prejuicio social, las convicciones ético – religiosas, la dependencia económica, el miedo a represalias, la falta de esperanzas en la eficiencia de los trámites jurídicos, etc. Pero quizás el punto más álgido del razonamiento sobre el maltrato se evidencia en el sostenimiento del vínculo violento. En este sentido entran en consideración tanto el aplastamiento psíquico, la baja autoestima, la educación violenta, como también una consideración al suponer una relación signada de vicios y sistemas psíquicos o relacionales, o un posible montaje estructural subjetivo que impide romper el tipo de relación, etc.

Se debe considerar que la situación violenta no solo la padecen quienes sufren golpes o humillaciones, sino también quién propina esos mismos golpes y humillaciones.  

Intervienen al respecto los modelos de organización familiar, las creencias culturales, los estereotipos respecto a supuestos roles relacionales, y las maneras particulares de significar el maltrato.

Es el estado el que debe velar por la protección de las personas involucradas, mediante acciones concretas tales como el dictado de leyes y demás normativas jurídicas, y la generación de espacios educativos, de contención e intervención comunitaria. Cabe destacarse que la represión por parte del estado al agresor no soluciona el problema, por lo que resulta esperable el fomento de una pronta asistencia psicológica hacia él, la, o los agresores que en muchos casos ejerce violencia sólo en la intimidad familiar y privada, ya que en otros ámbitos poseen un comportamiento cordial y afectuoso.

Mujeres Maltratadas

Algunos especialistas prefieren referirse al síndrome de la mujer maltratada. Si bien hay un importante número de hombres golpeados, la gran mayoría de los casos se trata de personas de género femenino.  Desde el punto de vista estadístico ocurre en todas las edades pero se destaca en primer lugar entre los 30 y 39 años, luego entre 20 y 29 años y más tarde entre 40 y 49 años, le sigue entre 15 y 19 años, para finalizar con las mayores de 50 años. Las mujeres casadas constituyen un 66% del total, el resto lo componen novias, ex parejas, conocidas, amantes, amigas, etc.

La mayor vulnerabilidad femenina no solo se debe a causas físicas, también incide las mujeres suelen concentrar en la mayoría de los casos, la mayor carga y responsabilidad en la crianza de los hijos, además por diferentes cuestiones culturales condensan las tareas hogareñas y mantienen una mayor dependencia tanto económica como culturalmente de los hombres. Una mujer que abandona su vivienda se encuentra en mayor riesgo que un varón, pero debe tenerse en cuenta que las mujeres que dejan a sus abusadores tienen un 75% más de riesgo de ser asesinadas por el abusador que aquellas que se quedan conviviendo.

El 25 de noviembre es la fecha instituida como el día internacional contra la violencia hacia la mujer, en homenaje a que en el año 1960 tres hermanas dominicanas fueran violadas y asesinadas.

¿Por qué estas situaciones continúan?

En cuanto al punto de los motivos por lo que una relación continúa pueden pensarse dos corrientes básicas.

La postura tradicional, que plantea que al vivir atemorizadas por represalias, los golpes, por la posible quita del sustento económico,  las órdenes irracionales y los  permanentes castigos, manifiestan un estado general de confusión y desorganización, llegando a sentirse ellas mismas culpables por la situación, y desconociendo así la educación patriarcal y machista que involucra a la mayor parte de las  sociedades.

Otra postura se plantea del mismo modo la condena a la educación típica donde las mujeres aparecen con un lugar desventajoso, pero se detiene también en los modos estructurales de relacionarse, los montajes de relaciones. No hay que confundir esta idea con un razonamiento contrario que diría que si una persona sostiene una relación se debería a que esta sería placentera. Es evidente que una mujer golpeada no siente placer alguno, pero si entran en juego componentes subjetivos tales que en la práctica validan relaciones no placenteras.

Violencia hacia los niños

En el caso de los niños como en otros casos de violencia, también se da una relación de vulnerabilidad. Claramente los menores muestran inferiores recursos para defenderse de lo que lo haría un adulto. En este sentido el riesgo sería mayor porque se trata de un sujeto en constitución. Además se debe considerar el daño emocional y los efectos a corto y a largo plazo que provocan los maltratos.

En ocasiones se trata de golpeadores que fueron maltratados en la propia infancia (56.7% del total de casos), al intervenir patrones de repetición de los modelos de crianza parentales en los diferentes tipos de castigo administrado a sus hijos, pero no ocurre de este modo necesariamente. Para esto habría que pensar las maneras de relacionarse subjetiva de las personas involucradas frente a la fantasía típica infantil de que un niño es pegado por un adulto, y las múltiples maneras de desarrollo posterior.

También cabe considerar que muchos padres perciben como justos los castigos implementados, o perciben la desproporción del castigo ofrecido con la supuesta falta cometida pero se justifica de alguna manera (por la pobreza, por los nervios, etc.). Es considerable que los mismos adultos golpeadores suelen manifestar y percibir que han golpeado a sus hijos en muchas menos ocasiones de lo que realmente lo hacen. Si bién  algunos de los adultos golpeadores suelen manifestar algún afecto posterior como arrepentimiento o lástima, en muchos casos se trata de padres que están a favor del castigo como medida disciplinaria y educativa. El castigo recibido por los adultos en la infancia suele guardar relación con el tipo de castigos físicos que se emplean para “corregir” a los hijos. Por lo general uno de los niños a cargo es más castigado.