RELACION PADRES PROFESORES

UNA BUENA RELACIÓN entre padres y profesores es lo que más puede contribuir al éxito escolarCon los estudios de los hijos hay que tener paciencia, ser optimista y, a la vez, muy realista. Conocer las posibilidades de los hijos y aceptar sus limitaciones, sin hacer “películas, es decir, aceptar que los niños no son todos iguales. Y en este sentido, quien mejor nos puede ayudar es el tutor de nuestro hijo, o sus profesores, porque tienen experiencia, son profesionales y más objetivos.

Cada centro escolar, o cada profesor, tiene su estilo o sus normas propias ya experimentadas en lo que hace a la entrevista con los padres, que hay que respetar. A mí se me ocurren las siguientes ideas, que pueden servir a los padres, a título de sugerencia.

No espere a que su hijo tenga dificultades con los estudios en clase o en el colegio. Acuda a principio de curso, en los días que esté señalado para la visita de padres, para conocer al tutor de su hijo o al profesor que va a seguir más de cerca su trayectoria escolar. E infórmese de en qué y cómo se le va a exigir al chico, y cómo puede colaborar con los profesores. Esta entrevista inicial es clave para el resto del curso. A partir de ese momento, no hace falta estar metido todo el día en el colegio, hay que tener un contacto fluido y constante con los profesores, pero no cargante. Basta con seguir la periodicidad señalada: una o dos visitas por trimestre, salvo un caso excepcional, es suficiente… Y mucho mejor y más fructífero si van el padre y la madre.

Al profesor o al tutor de los hijos hay que tratarlo con respeto y consideración, como nos gustaría que nos trataran a nosotros en nuestro ámbito profesional. Esto puede parecer obvio, pero no lo es. Hay padres que antes de empezar ya abordan al tutor como al culpable del fracaso del hijo o como un enemigo. Un profesor lo que pretende siempre es lo mejor para sus alumnos, por lo tanto hay que considerarlo como el mejor aliado. Con toda seguridad, tan interesado por el chico como sus padres. Hay que escucharlo con atención, poniendo interés en todo lo que dice y no contradecirle a la primera. Intente ganar la confianza, la simpatía de los tutores y profesores de sus hijos, porque les deben y les pueden ayudar mucho.

Hay que demostrar interés real. Hágale saber que a diario está al tanto de las tareas o de lo que tiene que estudiar su hijo; aunque las tareas son para que las hagan los alumnos, no los padres. Pídale que le oriente o aconseje cómo pueden ayudar al chico en casa con respecto a la motivación, conducta, deberes, exámenes…

Ponga interés por todos los aspectos o detalles de su hijo en clase y en el colegio. Si tiene amigos, cómo se relaciona con los demás, si es tímido, extrovertido o alborotador en clase; por qué asignaturas se interesa más. Si se distrae, le falta de atención o interés en alguna materia; en estos casos suele ser eficaz la colaboración del padre y el profesor, en este caso, le quedará agradecido. Hay que tener en cuenta que cuando los niños no están con sus padres, como por ejemplo en el colegio, experimentan cambios en su comportamiento que estos son incapaces de imaginar. Trate de ponerse de parte del profesor o tutor, aunque no comparta alguna de sus apreciaciones o puntos de vista, tómese tiempo para pensarlo. Muchos tutores mejoran su forma de actuar si ven que cuentan con el apoyo de los padres y una actitud positiva hacia su labor.

Hay que ser prudentes, pero no hay inconveniente en que los hijos conozcan el contenido de las conversaciones con un profesor o el tutor. Después de la entrevista, hacer a los hijos las correcciones que se consideren oportunas, pocas pero firmes. Se debe animar y estimular al estudiante en sus aspectos positivos, que siempre los tiene. Y felicitar cariñosamente a los hijos por su esfuerzo y sus éxitos en los estudios o por todo aquello que de bueno digan sus profesores.

Tengo la experiencia de que el rendimiento y el comportamiento escolar de los alumnos mejoran cuando ven que hay una buena colaboración y entendimiento de sus padres con sus profesores. Incluso me atrevo a afirmar que, como consecuencia de esta cooperación, hasta mejoran los padres en su labor educativa y el profesor en su labor docente y en su ilusión por ayudar.